jueves, 9 de diciembre de 2010

Caronte


Como tantas otras veces, vuelvo a cobrar conciencia, en carne propia, de que la vida _al menos la mía_ es cíclica, eterno retorno de lo mismo, aunque todo sea distinto. Hecho la vista atrás y me veo, hace cinco años, hace apenas nada, recién separado, con un trabajo de años tirado por la borda, sin un euro el bolsillo y con la única fortuna _la mejor de todas_ de un perro fiel y bondadoso, Lucas, al que le di mala vida a cambio de dármelo él todo, dos hijos que veía cada dos por tres entonces y que ahora apenas veo y un amigo invisible, o simplemente Dios, para los amigos.

Hoy, como ayer, estoy la mayor parte de mi tiempo solo o con mis hijos, que ahora son cinco, porque en eso sí que soy rico, o directamente millonario, pero con menos fuerza en un cuerpo agotado por la falta de descanso, castigado por mi adicción suicida a los malos humos, un cuerpo que me sostiene no sin dificultad, que hasta me cuesta un mundo ponerme los puñeteros calcetines, y que se desplaza como el Titanic, hundiéndose un poco más a cada paso, después de haber chocado contra el iceberg de mi estupidez autodestructiva.

Hoy, como ayer, estoy en paro para variar, echado a patadas del mundo de los teóricamente vivos y vagando como un Caronte por el río Estigia, sin dos monedas que llevarme a los ojos para así poder pagar el peaje de esta vida mía cíclica y abandonar, de una vez por siempre, el Hades de mis escaseces cotidianas.

Y hoy, como ayer, por último, sigo con la tendencia a hablar solo como los locos y a poner mis pensamientos por escrito como si, al hacerlo, fuese a cambiar de repente todo, sobre todo la némesis aburrida de mí mismo, por obra y gracia de mis palabras.

Así lo siento. Está en el aire. Casi lo toco con la punta de los dedos. Hay precedentes de esa magia.

Los augurios están ahí: Hoy, como ayer, mi historia se repite y soy feliz en la cuerda floja, feliz con casi nada.

Todo va a cambiar, lo sé. Todo, menos mi amigo invisible, eternamente a mi lado.

El Dios que resurge de la cenizas de Caronte.

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