jueves, 24 de febrero de 2011

Los huevos de King Kong


Mi jaca y yo _lo de jaca, dicho con absoluto cariño, obedece al hecho de que su espléndida grupa es mi devoto Camino de Santiago y mi Meca, el trono de Sampedro, mi eterna Jerusalén_ estamos a punto de poner punto y final a nuestro último matrimonio de  necesidad con el mundo, un tiro disparado al aire, para espantar el hambre y la miseria, que nos ha salido a ambos por la culata y que ha estado a un solo "hoy me duele la cabeza" de matarnos a los dos.

Está a punto de cerrarse un ciclo laboral de tres años, tres años de sangre, sudor y lágrimas, de mandar a la mierda  un millón de momentos vivificantemente improductivos, el sacrificio que tan cachondo pone al mundo, y todo para acabar yo, saliendo por la puerta de servicio y echado con cajas destempladas y ella, tan exhausta y tan agotada por el esfuerzo de mandar su creatividad y su desbordante esfuerzo a combatir molinos de viento que a punto ha estado de dejarse el pellejo, el alma, los sueños y la grupa por el camino. 

Lo mío no tiene mérito alguno, porque a mí la cosa me viene sola, ya que, como normalmente no me aguanta ni Dios, me devuelven a las nubes en un periquete, pero mi jaca _¡ay, mi jaca!...._ ésa sí que vale, ya que  despertó justo a tiempo, en el último aliento que le quedaba de vida, es un decir, para, como ya ha hecho en otras ocasiones, enviar la falsa seguridad al diablo, las certezas mundanas a tomar por saco, y retomar el trapecio de sus sueños _polvorientos por estos tres años de olvido, eso sí, pero todavía suyos_ para dar, ante el pasmo y la incredulidad generales,  unos de sus ya míticos cuádruples saltos mortales con triple tirabuzón, sin red bajo sus alas,  sin otra garantía de éxito que el de la utopía.

Lo de mi jaca es de traca, os lo digo yo. Que a ésa no le da miedo nada y es capaz de cambiar de vida como quien cambia de chaqueta, con la misma tranquilidad, sin que le tiemble una puñetera crin.

En fin, que regresaremos, en poco tiempo, más del deseable,  al lugar donde nos hacemos viento, esta vez no por necesidad, sino por puro placer. Se nos ha cumplido, una vez más, algo que ella y yo sabemos desde hace largo tiempo, que al mundo cuanto más le das, más por el culo te da. Bueno, el que di fui yo, porque ella _mi jaca, digo_ es tan bestia que cuando cree en algo, directamente SE DA. Así, en mayúsculas y a lo grande, lanzándose a la piscina ajena como si se le fuese la vida en ello.

Pero ahora la piscina, llena de sueños, es, para variar, la nuestra. 

La mía y la de mi jaca, la que tiene una espléndida grupa y los huevos _lo juro por la vida de mi fusta_ más gordos que los de King Kong.

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2 comentarios:

pseudosocióloga dijo...

O sea, que habeis dejado los dos el trabajo y vuelta a empezar, lo vuestro es mucho...mucha suerte.

Emilio dijo...

Al César lo que es del César: Los huevos de King Kong son de Ana. Al que echan es a mí, su parte menos presentable...

Y en todo caso, no hemos dejado nada, porque nada es aquéllo que te roba la vida a cambio de las migajas de la supervivencia... Eso no es vida, sino una putada demasiado común.

Lo natural es pasar página, aunque para el mundo lo natural es locura. Para Ana y para mí, la vida es movimiento y cualquier intento por retener algo (o a alguien) y vender el alma a eso, tan sobrevalorado, que llaman seguridad es un suicidio.

En cualquier caso, ambos hemos toreado ya en plazas mucho peores. Saldremos adelante, no te aflijas. No tenemos de nada, pero tenemos sueños.

Y los sueños se cumplen siempre, siempre que creas en ellos.

Gracias por tus buenos deseos y por pasarte por aquí. Ten cuidado que no se te vaya a pegar algo de nuestra chaladura...