martes, 3 de febrero de 2009

Apocalipsis


V
engo a vosotros, una vez más, como tantas veces he hecho sin que me hayáis escuchado, para recordaros, hijos míos, que vosotros no sois polvo de estrellas, sino las constelaciones más hermosas que Yo he puesto en el firmamento de la Creación.

Vengo a vosotros, una vez más, en estos mal llamados tiempos del fin, tiempos de apocalipsis, que no son otros que los de la revelación _aquéllos en lo que todo lo oculto ha de ser por fin revelado_, para arrojar luz sobre los astros oscurecidos en los que os habéis empeñado en convertiros y para, si lo deseáis, indicaros el camino de regreso a casa, a vosotros mismos, a vuestra verdadera identidad y esencia bajo el velo de la carne, al recuerdo glorioso de que vosotros sois Yo, jugando a ser todo lo contrario bajo el sol.

Esta venida Mía, segunda según alguna de vuestras religiones, ese intento vuestro por reunir lo que nunca ha estado realmente separado, no es más que la confirmación de lo que algunos de vosotros ha logrado ya recordar en esta enésima encarnación: que Yo siempre he estado ahí, entre y en vosotros, en cada sonrisa y en cada lágrima vertida por Amor, en cada sufrimiento y en cada alegría, en cada mano tendida hacia el necesitado, en cada gesto noble de vuestro corazón desprendido, en cada pensamiento generoso, aguardando Mi momento, en cada una de vuestras almas dormidas.

Y ese momento ha llegado. Es aquí y Es ahora. Es siempre, porque siempre ha sido. Porque Yo nunca he abandonado a mis hijos como corderos en medio los lobos, como muchos de vosotros creéis, sino que he sido fiel al pacto entre nosotros sellado, en virtud del cual vosotros habéis libremente elegido ser Yo, Amor infinito y puro sin saberlo, en la sublime experiencia de la vida y Yo Soy Aquél que duerme y está llamado a despertar en cada uno de vosotros para guiaros en medio de las aparentes tinieblas, del aparente dolor, y recordaros, con divino júbilo, lo que siempre supisteis en el fondo: que os amo por encima de todas las cosas y que sois, simple y maravillosamente, luz.

Mi luz.

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