jueves, 9 de diciembre de 2010

Ménage à trois


Acabo de quedar como el culo con la fregona, mi anoréxica pareja de hecho en las mañanas de desempleado, pues la he dejado tirada en el pasillo, mirándome con cara de palo, porque he decidido incumplir mi cita diaria con ella para darle calabazas con el ordenador. La infidelidad me la hará pagar cara, seguro, que es mi fregona mujer de su casa y celosa de sus cosas, limpia y hacendosa donde las haya. Dentro de un rato _ya lo estoy viendo_ me tendré que tirar en marcha del salvavidas de este post para compensarla del momentáneo desprecio, metiéndole mano a destajo y llevándola a bailar por toda la casa hasta dejarla chorreando, el vals de la monotonía que nos une, y consumar así nuestro matrimonio de conveniencia con la limpieza. Menuda es mi fregona...

La razón de esta cana al aire por mí parte _yo, que soy monógamo irredento como un cigüeño, un soso total..._ hay que encontrarla en mi proverbial tendencia a tener la cabeza en cualquier parte menos en la cabeza de mi fregona, a la que se la cambio cada dos por tres, todo hay que decirlo, pero sigue siendo la misma enjuta compañera de fatigas, previsible como un polvo programado de sábado noche, tan entusiasta como una muñeca hinchable.

Pero nuestra pareja está hecha a prueba de devaneos, bendecida por la santa madre costumbre y blindada por el sacrificio como a la antigua usanza, y ni siquiera mis constantes escarceos con la escoba, la criada con la que, a escondidas, echo el polvo de cada día, adulterio con el que sobrellevo como mejor puedo mi condición de amo de casa, ni los ménage à trois, los tórridos tríos que ambos nos montamos con el servicial recogedor _Príapo bajito pero matón, al que nunca se le desinfla el mago y es un entusiasta de la doble penetración..._, son quienes de socavar esta casta unión mañanera mía con la fregona, que lleva trazas de ser de ésas plomíferas para toda la vida. Dios no lo quiera.

El único rival serio para mi despechada fregona, que ahora hace el pasillo a la espera de cualquier mano que la coja por el talle y le dé la opción de devolverme desliz por desliz, cuerno por cuerno, es, debo admitirlo, el ordenador, el amante ocasional que es capaz de hacer que me corra de gusto sin necesidad de ningún polvo.

La única pega es que, cuando lo conectas, tarda lo suyo en ponerse en marcha y estar operativo.

Pero no se lo puedo reprochar...

A mí se pone mala la leche y me pasa tres cuartos de lo mismo con la flaca que mueve su culo de anguila en cualquier pasillo.

La esposa en la necesidad que me ha traído el paro.

La puta de mi fregona.


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